La construcción del camino lector

Tejiendo palabras y memorias con Laura Devetach

La construcción del camino lector

En su obra La construcción del camino lector, Laura Devetach despliega una reflexión profunda, nacida tanto de sus encuentros con docentes de distintas regiones del país como de su propia trayectoria como escritora y lectora. Para ella, leer es, igual que escribir, una exploración. Con su mirada atenta a lo humano, la autora nos recuerda que convertirse en lector no es un acto repentino ni un gesto que se inaugura el día que alguien abre un libro por primera vez. Es un camino, muchas veces ya iniciado antes de reconocerlo como tal.

El camino que ya existe

Devetach afirma que nadie se convierte en lector sin haber transitado previamente un camino, aunque sea de manera inconsciente. En el corazón de esta idea está su concepto de “textos internos”: todo aquello que hemos escuchado, cantado, copiado, garabateado o memorizado a lo largo de nuestra vida.
Ese bagaje hecho de canciones de cuna, frases familiares, historias contadas al calor de la cocina, rimas de juegos de calle; suele quedar relegado o invisibilizado. Por motivos de falta de memoria, prejuicios, ausencia de espíritu lúdico y, a punta de lanza, una cultura que no invita a leernos a nosotros mismos.

Lecturas que no se cuentan

El mundo escolar y académico suele medir al lector por la cantidad de libros que ha leído según un canon determinado. Desde esa vara estrecha, muchos se perciben como “no lectores”. Sin embargo, Devetach propone ampliar la definición: leer también es interpretar la realidad, escuchar relatos, reconocer gestos, reconstruir historias a partir de lo que se ve o se intuye. Su interés central no es tanto trazar un método como invitar a cada persona a descubrir su propia cartografía lectora, esa que se compone de huellas, voces y recuerdos que nos han acompañado desde la infancia.

De esta manera, afirma que cada persona lleva dentro lecturas que han dejado huella: un poema que la conmovió, una frase dicha en el momento justo, un fragmento olvidado que vuelve en forma de eco. Incluso las lecturas imprecisas —aquellas que no recordamos del todo pero que intervinieron en nuestra forma de mirar— forman parte de ese camino.

Antes de la palabra

Según la autora tanto la lectura como la escritura más elementales no empiezan en el alfabeto, sino en el trazo invisible que nos une a otros. Antes de pronunciar palabras, ya hemos “leído” y “escrito” a través de gestos, miradas, ritmos y vínculos. Desde la hora de las nanas, nos rodea un pequeño mundo de trazos sensibles que se enlaza con otros y crece en redes. Allí, lo elemental —un olor, un objeto heredado, una melodía— filtra en la escritura y en la lectura futuras, dando forma a nuestra manera de vincularnos con el mundo.

Sin embargo, el impulso de leer no surge de la nada. Nace de deseos previos, de una conexión afectiva con las palabras de otros. Un texto puede ser un puente hacia lo desconocido, un espacio temible y a la vez estimulante. La curiosidad y el ánimo son motores que nos empujan a atravesarlo.
La relectura, en este sentido, se vuelve un acto vital: regresar a un texto es reincidir en emociones pasadas, volver a sentir para descubrir algo nuevo. Esto sucede en modo vacilante, según la autora, el crecimiento lector no es lineal, se construye en vaivenes, en relecturas, en retornos que permiten descubrir capas nuevas en un mismo texto.

Vivimos en un mundo globalizado que nos impulsa a lo inmediato y lo uniforme. Pero Devetach recuerda que los significados más hondos se tejen en la vida cotidiana y en relación con las personas cercanas. Ese tejido íntimo no es accesorio. Es el piso para el viaje: un entramado de palabras que se fortalece cuando lo reconocemos y lo ponemos en valor.

Para que estos mundos se encuentren, la escuela debe convertirse en un espacio de encuentro entre la literatura, el arte y la experiencia personal. Esto requiere ampliar los márgenes: no descartar un texto por ser “complejo” o “ triste”, sino abrir la puerta a aquello que pueda abrir caminos nuevos.

Redescubrir nuestra textoteca

Trabajar con los “textos internos” es un ejercicio de reconocimiento y dignificación. Dichos familiares, canciones populares, refranes regionales, todo lo que el tiempo y la globalización han intentado desvalorizar puede convertirse en materia poética.
El sonido de la vida, que se aprecia en el ritmo del corazón, el canto, la risa, el miedo, precede a la palabra y se plasma en formas narrativas que nos conectan con un imaginario colectivo. Reconocerlo fortalece el sentido de pertenencia y la conciencia crítica frente a la cultura oficial.

Para Devetach cada persona guarda una textoteca interna, un archivo vivo de palabras, melodías e imágenes. Cuando se pone en movimiento, esta textoteca se encuentra con la biblioteca externa y la enriquece. Nunca deja de hacerlo.

A quienes acompañan lectores

En su diálogo constante con mediadores, Devetach ha visto que muchas veces quienes trabajan con niños no han explorado sus propios textos internos. Lo hacen desde un rol, pero no desde su propio caudal de palabras y memorias. Salirse de ese corsé y reconocerse como lector es el primer paso para transmitir la lectura como experiencia viva.

El camino lector no se impone: se ofrece, se contagia, se comparte. Y como toda trama tejida con hilos humanos, se enriquece en la medida en que se defiende el tiempo para leer, se reconoce la memoria propia y se abre el juego a lo diverso.

La propuesta central de la autora es clara: defender el espacio interior para la lectura y la escritura. Sin ese territorio íntimo, el camino lector se empobrece.

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